31 años en busca de Toribio Guevara: la historia de un campesino desaparecido en Casanare


Durante más de 30 años, la familia de Toribio Guevara ha vivido con una pregunta sin respuesta: ¿qué sucedió con él? 

 

Él desapareció el 17 de julio de 1995, en una zona rural del municipio de Támara, Casanare, cuando el frente 28 de las otrora FARC tenía presencia en la región. 

 

Su hijastro, Alejandro*, tenía entonces 13 años. Hoy, tres décadas después, sigue esperando conocer la verdad.

 

Alejandro tiene 43 años y lleva buena parte de su vida buscando respuestas sobre la desaparición de quien, aunque era su padrastro, considera su padre. 

 

Toribio Guevara tenía 35 años cuando desapareció.

 

Mi padre lleva más de 30 años desaparecido", explicó Alejandro en reciente entrevista en Yopal (Casanare) con la oficina de prensa de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP. 

 

La familia Guevara es de origen campesino. Alejandro es el mayor de siete hermanos —cuatro hombres y tres mujeres—, aunque uno de ellos murió en una emboscada cuando estaba en el Ejército. 

 

Su infancia —recordó— estuvo marcada por las fracturas que dejó la violencia en una región donde hacia presencia la guerrilla.

 

Mi infancia fue con bastantes rupturas por el tema de la violencia. Fue una infancia con miedo", agregó.

 

Toribio Guevara era un hombre dedicado a su hogar. Según su hijastro, era responsable, moderado y comprometido con su esposa y con los hijos de la familia.

 

Era un campesino comprometido con su hogar, con mi mamá, con mis hermanos, responsable, moderado en sus cosas. Nunca fue de malas palabras", añadió Alejandro, quien es padre de dos hijos.

 

El 17 de julio de 1995, Toribio salió de su casa. Les dijo a sus parientes que estaría ausente unos tres meses porque se iría a trabajar en la finca Santa Rita para conseguir el sustento de la familia.

 

Pero nunca regresó.

 

Ese día Alejandro estaba en el colegio. La noticia llegó al pueblo a través de una llamada telefónica recibida en la Alcaldía de Támara: reportaron que había desaparecido un hombre llamado Toribio.

 

Nosotros entendimos que era mi papá porque no había nadie más con ese nombre en Támara", contó.

 

Su madre le avisó. Alejandro era un adolescente y decidió salir a buscarlo. Dos hombres lo acompañaron en el recorrido. No era un camino fácil ni cualquiera estaba dispuesto a transitarlo.

 

Los tres hombres caminaron durante ocho o nueve horas hasta llegar al sector del río Tenecito, el lugar donde supuestamente había desaparecido Toribio.

 

En el lugar comenzaron las versiones.

 

A la familia le dijeron que Toribio se había ahogado después de haber estado en una fiesta. Pero Alejandro no creyó esa historia.

 

Eso no era cierto porque él no era rumbero", advirtió.

 

Según su relato, incluso llegaron a ahogar un caballo para hacer creer que Toribio había muerto en el río. Durante tres o cuatro días lo buscaron. Revisaron el río hasta que el cansancio y el sol terminaron por vencerlos. 

 

Nunca encontraron el cuerpo.

 

Lo único que lograron recuperar fueron algunas prendas de Toribio. “Nos vinimos para el pueblo con la ropa de mi papá. Eso fue lo único que encontramos", comentó.

 

La familia quedó atrapada entre rumores y versiones contradictorias. Que se había ahogado. Que había estado en una fiesta. Que a lo mejor había tenido problemas con un grupo armado.

 

Cansados de las habladurías, los Guevara decidieron denunciar la desaparición para intentar establecer qué había ocurrido realmente.

 

Entonces, indicó Alejandro, algunos de quienes habían difundido las versiones comenzaron a retractarse. “Apenas los citaron, ahí sí no fueron. Ahí sí empezaron a sacar el cuerpo", dijo.

 

Pasaron los años.

 

Cuando tenía 16 o 17 años, Alejandro comenzó a investigar por su cuenta. Ya no se conformaba con las versiones que circulaban en Támara. Quería saber qué había pasado realmente con el hombre que lo había criado.

 

Fue entonces cuando escuchó una versión que, con el paso del tiempo, terminó tomando fuerza para él: que a su padre se lo habían llevado las FARC.

 

Le dijeron: se va o lo matamos", precisó.

 

Según lo que pudo conocer Alejandro, Toribio habría sido obligado a abandonar el sector del río Tenecito. La hipótesis de la familia es que pudo haber sido asesinado porque no quiso irse o porque intentó hacerlo demasiado tarde.

 

En esa época, al que no se iba, cuando un grupo armado lo ordenaba, lo mataban", afirmó.

 

Alejandro cree que algunas de las personas que le contaron lo ocurrido no sabían que él era hijo de Toribio. Hay detalles que, incluso después de tantos años, prefiere no contarle a su madre.

 

A mi mamá no le he querido contar con detalle qué pasó con mi papá. La verdad es que no la quiero atormentar más", dijo.

 

Desde ese momento quedó instalada en la cabeza de Alejandro una pregunta que lo acompaña hasta hoy: ¿dónde está Toribio Guevara?

 

Pero la historia no terminó con la desaparición de Toribio.

 

Cuando Alejandro tenía unos 17 años, la guerrilla intentó reclutarlo. La amenaza lo obligó a salir de Támara y a refugiarse en la localidad boyacense de Sogamoso.

 

Después tomó una decisión que marcaría su vida: prestó el servicio militar obligatorio en Yopal.

 

También para esa época, Alejandro estaba preocupado por uno de sus hermanos, que, según recuerda, estaba en la mira de la guerrilla para ser reclutado. Alejandro decidió llevárselo para Yopal. En varias ocasiones incluso lo llevó consigo al batallón del Ejército para que estuviera seguro.

 

Pero ni siquiera el uniforme parecía garantizarle seguridad.

 

En una ocasión regresó a Támara para visitar a su madre. Sus enemigos lo ubicaron en una discoteca.

 

Alejandro sospecha que unas mujeres que —sin haber sido invitadas— se sentaron en su mesa pudieron haber sido enviadas para distraerlo o facilitar que lo ubicaran. También le enviaron licor, aunque él asegura que no bebía y que lo botaba discretamente.

 

Entonces ocurrió algo inesperado: se fue la luz en Támara.

 

En medio de la oscuridad, Alejandro salió corriendo junto con un amigo. Llegaron a la casa de este y se escondió en el solar. Pocos minutos después llegaron los guerrilleros. Buscaron por todas partes, pero no lo encontraron.

 

Cuando comprobó que se habían marchado, Alejandro salió de su escondite y huyó de Támara. Por el sector de la vereda El Tablón logró llegar hasta Yopal.

 

Después de terminar el servicio militar, Alejandro decidió continuar en el Ejército como soldado profesional.

 

Al hermano que dependía de él, le insistió que estudiara. Pero el muchacho se negó. Lo ocurrido con su padre y el asesinato de dos de sus tíos, también atribuidos por la familia a las FARC, habían cambiado su manera de ver la vida.

 

Juepucha, es que la vida para nosotros no ha sido fácil", dijo Alejandro.

 

Con el tiempo, dejó atrás la vida militar. Se trasladó a Bogotá y cursó algunos semestres de ingeniería civil. Finalmente regresó a Yopal, donde estudió y se graduó como zootecnista.

 

Hoy, Alejandro es un hombre preparado y sereno que mira con reservas el proceso de paz que hace una década sellaron el Gobierno colombiano y las FARC.

 

Su principal preocupación es que la verdad sobre miles de víctimas de la violencia nunca sea contada completamente. En su caso, la verdad tiene un nombre y un rostro: Toribio Guevara Girón.

 

No está bien que a esos manes —los jefes de las FARC— los hayan premiado con curules en el Congreso después de todas las atrocidades que cometieron", sostuvo.

 

Pero cuando se le preguntó si estaría dispuesto a perdonar a quienes tuvieron responsabilidad en la desaparición de su padre si contaran toda la verdad, respondió:

 

Claro, aunque uno no es nadie para perdonar".

 

Lo que realmente espera, recalcó Alejandro, es algo más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: una explicación. “Yo hubiera quedado tranquilo si nos hubieran ofrecido excusas y dicho dónde está mi papá".

 

Por eso recordó que con uno de sus tíos asesinado ocurrió algo diferente. La familia pudo recoger el cuerpo y sepultarlo. Con Toribio no tuvieron esa posibilidad.

 

Por eso, tres décadas después, la pregunta permanece: “¿Mi papá está vivo, está muerto, qué le pasaría?"

 

Alejandro ya no cree que Toribio esté vivo. “No, no creo. Después de tanto tiempo no creo que esté vivo".

 

Pero saberlo, encontrar sus restos y conocer qué ocurrió aquel día de julio de 1995 siguen siendo asuntos pendientes.

 

Para una familia campesina de Támara, la guerra no terminó cuando dejaron de escucharse los disparos. Terminó, o podrá terminar algún día, cuando llegue la verdad sobre quienes nunca regresaron.

 

Treinta años después, Alejandro sigue buscando esa verdad.

 

Y cuando se le pregunta cómo se ve a futuro, su respuesta no habla de venganza: “Ayudándole a la gente. Yo sufro cuando veo a la gente sufriendo".

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(*) El protagonista de este artículo pidió que su verdadero nombre no fuera publicado por razones de seguridad de él y de su familia.