​​De cómo Diana Marcela Cruz se convirtió en el ángel guardián de las víctimas de Casanare  

El primer acercamiento de Diana Marcela Cruz Peñaranda al trabajo con las víctimas del conflicto armado de Casanare ocurrió en 2017.

 

En ese entonces, el personero de Yopal era César Figueredo, un destacado funcionario que, según recuerda Diana Marcela, tenía una característica que marcó su experiencia laboral: “A todo me daba vía libre" cuando se trataba de iniciativas relacionadas con las víctimas del departamento.

 

Cuando Figueredo la puso a trabajar de lleno con esa población, Diana Marcela recordó después de muchos años que también había sido víctima del conflicto armado.

 

Entonces su memoria se trasladó hasta el municipio santandereano de Cimitarra, donde transcurrió su infancia junto a sus padres y sus dos hermanos. 

 

Recordó los buenos tiempos de su niñez en esa localidad del Magdalena Medio, cuando su papá era el gerente de la Caja Agraria (hoy Banco Agrario) y su mamá tenía una droguería y una agencia de viajes.

 

Pero también evocó los malos recuerdos de la violencia de los años 90 en el Magdalena Medio y las extorsiones y las amenazas y el miedo a pensar en voz alta y el paso de los grupos armados por la finca de su familia en Cimitarra.

 

En los 80 y 90 en el Magdalena Medio vivimos en un ambiente pesado (…)Existía de todo un poquito: las Águilas Negras, las Convivir, las FARC. Era mezclado", aseguró Diana Marcela en reciente entrevista en la capital casanareña con el Grupo de Relacionamiento y Comunicaciones de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP.

 

Apenas terminó la primaria, Diana Marcela se trasladó a Bucaramanga. Allí hizo el bachillerato y luego su carrera de derecho en la Universidad Autónoma.

 

Fue por esa misma época en que su vida y la de los suyos empezó a complicarse.

 

Corría el año 2000 y sus padres tuvieron que abandonar Colombia y refugiarse durante poco más de un año en Ecuador. El motivo: las amenazas y las extorsiones de los violentos en Cimitarra los pusieron contra las cuerdas y a las malas entendieron que sus vidas corrían peligro.

 

Cansados de ser extraños en tierra extraña, los padres de Diana Marcela regresaron a Colombia en 2001 y se instalaron en Casanare. Si bien nunca se vieron acorralados por la pobreza, sí tuvieron casi que empezar de cero porque todo lo que tenían en Cimitarra lo dejaron abandonado en la época de las amenazas.

 

Apenas recibió el título de abogada, Diana Marcela Cruz fijó su mirada en la casa de sus padres, es decir, en Yopal. Al mismo tiempo, empezó a poner en práctica una cualidad que tuvo desde niña: la de lideresa.

 

Desde niña siempre fui muy inquieta, muy visible, me metía en todo. En lo único que no estuve fue en el coro del colegio poque la voz no me ayudaba (risas). Participaba en todo", explicó Diana Marcela, hoy de 40 años y madre de un hijo.

 

Lo de la Personería de Yopal fue para Diana Marcela un antes y un después en su vida como profesional y activista. Con Figueredo como jefe, ella entendió en ese 2017 que había dado con el trabajo con el que siempre soñó.  

 

Fue un tema con el que me sentí identificada. Creo que más que funcionaria, me volví una víctima más (…) Y como si lo anterior fuera poco, no había compromisos políticos de nada con el tema de víctimas", observó la lideresa.

 

Fue por esos mismos días que conoció a Carolina Olmos, otro terremoto de mujer que también encontró en la ayuda a las víctimas su razón de ser. 

 

Y fue precisamente Olmos —a través de su colectivo Máscaras de la Verdad— quien invitó a Diana Marcela a elaborar informes para presentar ante la Jurisdicción Especial para la Paz. 

 

Primero se la metieron toda al macro caso 07 o de reclutamiento de menores de edad para la guerra. Luego se concentraron en el macro caso 11 o de “violencia basada en género, violencia sexual, violencia reproductiva, y otros crímenes cometidos por prejuicio basados en la orientación sexual".

 

Y algo fundamental en la actividad de Diana Marcela y Olmos: trabajar con mujeres víctimas del conflicto armado, convertirlas en lideresas y empoderarlas a través del arte.

 

Cuando hablamos de reclutamiento hay mucha estigmatización y cuando hablamos de violencia sexual hay dolor y hay silencio. Entonces era difícil romper ese hielo (con las víctimas) y lo hicimos a través del arte", indicó Diana Marcela, quien actualmente trabaja en la Alcaldía de Yopal y hace parte de la Mesa Nacional de Víctimas.

 

—¿Muchas historias dolorosas con víctimas en estos nueve años como activista?

 

—Uf, no una sino muchas historias dolorosas. Tengo mujeres que fueron víctimas de empalamiento, tengo mujeres que fueron abusadas en el mismo acto por más de 40 hombres, tengo hombres agredidos sexualmente por otros hombres, tengo la historia de una mujer que padeció 11 hechos victimizantes, tengo historias de mujeres que vieron cómo decapitaron a sus padres.

 

—Pero también debe haber historia con final feliz.

 

—La historia de Claudia. Ella es la mujer que tiene 11 hechos victimizantes. Ella tiene marcas en todo su cuerpo por la violencia sexual. Ella protegió a sus dos hermanos, los escondió en la tierra para que solo ella fuera violentada sexualmente. 

 

También (Claudia) fue reclutada y secuestrada durante tres meses. Afortunadamente una guerrillera se apiadó de ella y la dejó volar. Cuando empezó a trabajar con nosotras, ella lloraba y no era capaz de hacer casi nada. Hoy en día es mi mano derecha y la que me mueve a las 60 mujeres que tenemos hoy en el grupo.

 

—¿Cómo se ve a futuro?

 

—En lo mismo: luchando por las víctimas.