​​​“Hay que perdonar, porque no tenemos por qué llevar más cargas encima de las que tenemos": familiar de víctima de 'falsos positivos' del Huila

Neiva, 12 de febrero de 2026 (@UIA_JEP) Lo que más le ha dolido a Albenis Suárez de la trágica historia de su hermano Manuel Antonio —después de su asesinato por parte de militares corruptos en diciembre de 2007— fue la forma ruin en que uno de los autores materiales del crimen describió las últimas horas de vida de su inocente víctima: “Desde que lo montamos (al camión, su hermano) olía feo, olía como a colchón viejo".

 

En segundos, por la cabeza de Albenis Suárez pasaron miles de cosas: desde lanzársele encima y golpearlo, hasta escupirle la cara y decirle cualquier cantidad de groserías. 

 

Pero no hizo ni lo uno ni lo otro. 

 

Más bien tomó aire, contó hasta 100 y, con un nudo en la garganta, atinó a responderle: “Es posible que mi hermano oliera a colchón viejo, pero mi hermano valía más de lo que vale usted".

 

Y la vaciada de Albenis Suárez para el exmilitar asesino continuó durante una reciente diligencia —cara a cara— en la Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de la Jurisdicción Especial para la Paz.

 

Usted no vale nada. Usted no le da ni a los tobillos a mi hermano", le espetó Albenis Suárez, de 59 años, a su interlocutor, en palabras que, con dolor y hasta con rabia, recordó el jueves pasado durante una entrevista con el Grupo de Relacionamiento y Comunicaciones de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP.

 

Albenis Suárez y sus hermanos, Nancy y Omar, llegaron el lunes temprano a un hotel de Neiva para un encuentro que organizó la Unidad de Investigación y Acusación con casi medio de centenar de familiares de víctimas de ejecuciones extrajudiciales del Huila.

 

Más de 200 civiles inermes fueron víctimas de los 'falsos positivos' perpetrados en el mencionado departamento por militares corruptos. Seis generales en retiro del Ejército están siendo investigados por estos hechos.

 

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Manuel Antonio Suárez Benavides nació el 11 de septiembre de 1965 en el municipio huilense de Pitalito. La mayoría de su familia, sin embargo, es originaria de un remoto poblado de la localidad caucana de Santa Rosa.

 

Manuel Antonio Suárez —o “Manuelito", como le decía la gente que lo quería— fue el cuarto de siete hermanos. El segundo de ellos, Omar, tiene claro que la infancia de los Suárez Benavides fue “sana y bonita" y que, si bien en su casa no hubo comodidades, “pobreza extrema jamás existió".

 

Nunca nos acostamos con hambre", recalcó Omar Suárez, de 64 años y quien destacó que sus padres fueron siempre “buenos y responsables y nos infundieron valores".

 

Nuestra madre —agregaron Albenis y Nancy Suárez— “fue siempre el eje de la casa. Ella fue la que nos enseñó a trabajar. Ella hacía para vender envueltos y natilla. Hacía y vendía lo que fuera. A ella no le quedaba grande nada". 

 

Un cáncer les arrebató a los Suárez a su madre. Tenía poco más de 50 años.

 

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Dicen que todos los muertos son buenos, pero uno de mis mejores hermanos fue Manuel (…) Fue muy buen hermano y un ejemplo a seguir, solo que por desgracia cayó en las drogas", explicaron las hermanas Suárez Benavides con un dejo de tristeza al tener que aceptar que su hermano era un consumidor consuetudinario de bazuco.

 

Esa adicción de Manuel Antonio, al decir de los tres hermanos Suárez, cambió para siempre la armonía de la familia. La dependencia la adquirió cuando tenía unos 15 o 16 años. La que más sufría con la situación era su mamá y a él lo carcomía el remordimiento de verla sufrir por su culpa.

 

Cuando tenía unos 20 años, por cualquier conducta menor, Manuel Antonio estuvo en la cárcel un par de meses. Apenas quedó en libertad juró que jamás volvería a meterse en problemas. Y lo cumplió, a pesar de verse a toda hora esclavizado por el consumo de las drogas.

 

Entonces, en Pitalito se dedicó a trabajar en lo que fuera. Nunca se le quitó a nada. Eso sí, siempre dentro de la legalidad. “Él ayudaba a hacer brechas en las carreteras. Después resultó vendiendo mazamorra y también aguacate. Luego empezó a trabajar en otros pueblos. Él iba y venía", recordaron a una sola voz los tres Suárez Benavides.

 

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El viernes 30 de noviembre de 2007, Manuel Antonio Suárez salió de la casa de su hermana Nancy para no volver jamás. Días antes, ella había visto cuando una motocicleta seguía a su hermano hasta su vivienda. Entonces le metió miedo para que no se demorara en la calle y le recordó que en Pitalito —por esa época— estaban matando mucha gente.

 

Listo, hermanita", le respondió, con respeto. Ese fatídico viernes, sin embargo, Manuelito se inventó cualquier cantidad de excusas para poder salir de la casa. En realidad, Nancy Suárez no se preocupó mucho porque esa historia había sucedido cientos de veces.

 

Al otro día, sábado, en la casa de Nancy Suárez todo el mundo se levantó sin novedad alguna. Ella pensó que Manuelito se había quedado donde otro de sus hermanos. Pero en la tarde, el empleado de una funeraria la abordó en Pitalito.

 

—¿Usted es Nancy Suárez? ¿Usted es hermana de Manuel Antonio Suárez?, le preguntó el hombre.

 

Ni el tono ni las preguntas le gustaron a Nancy Suárez. Sin que se lo dijeran, ella tenía claro que algo malo había pasado. Entonces el empleado de la funeraria le mostró una fotografía post mortem de Manuel Antonio y, sin rodeos, le contó que había sido asesinado.

 

Fue un dolor muy grande, algo inimaginable", relató Nancy Suárez, de 52 años y quien recordó que, después de que le dieron la mala noticia sobre el asesinato de su hermano, “me senté a llorar porque qué más podía hacer yo".

 

Le contaron entonces que el cuerpo sin vida de Manuel Antonio —y de otro hombre llamado Carlos Uriel Motta— había sido recogido por personal de la funeraria en el municipio de Acevedo, Huila.

 

Minutos después, la noticia trágica llegó hasta la casa de Albenis Suárez, quien quedó petrificada. Más de 18 años después del asesinato de Manuelito, ella aún llora su muerte, considera que solo Dios puede quitar la vida y se lamenta de que los asesinos hubieran sido “los que estaban para cuidarlo a uno" (o los integrantes de la fuerza pública).

 

Y lo de siempre, según la versión del Ejército de esa época en el Huila: que Manuel Antonio Suárez y Carlos Uriel Motta eran extorsionistas y hasta guerrilleros. (Por lo menos 500 personas de Pitalito firmaron un documento en el que daban fe de que Manuel Antonio Suárez era un hombre de bien y no un delincuente). 

 

Durante dos días velaron los Suárez Benavides a su Manuelito del alma. Hasta mariachis llegaron hasta el sitio de la velación. Al lunes siguiente la iglesia de Pitalito se llenó. La gente no se amilanó y por cantidades fue al entierro. La víctima era un hombre conocido y querido en el pueblo, a pesar de sus problemas con la droga. Es más, a Manuelito le decían “el Apa" porque muchas veces los lápices que cargaba en los bolsillos para vender en la calle se los regalaba a los niños.

 

Estudien, estudien", les decía “el Apa" a los chiquillos.

 

Yo creo que mi hermano lo hizo todo bien, menos el tema de las drogas. De resto, él actuaba como un buen ciudadano, como un buen ser humano", opinó Albenis Suárez.

 

—¿Cómo se sentirían restaurados ustedes?

 

—(Albenis Suárez) Los restaurados fueron ellos (los victimarios) y no nosotras, las víctimas. Ellos siguen en la calle.

 

—(Omar Suárez) A nosotros ni siquiera nos han indemnizado.

 

—(Albenis Suárez) Yo le dije ayer (a una experta de la Unidad de Investigación y Acusación) que una buena indemnización sería  la educación para mis hijos. Por ejemplo, Manuel Antonio quería mucho a sus sobrinos y les hablaba de la importancia del estudio.

 

—(Nancy Suárez) Yo tengo dos hijos en la universidad y espero se gradúen. Pero quiero que nos ayuden para que hagan una especialización.

 

—(Omar, Albenis y Nancy Suárez) Toda vez que nuestro hermano tenía problemas con las drogas, quisiéramos que en Pitalito se construyera un centro de rehabilitación para drogadictos. Qué bueno que hubiera un médico que los ayudara, que los examinara.

 

—¿Ya perdonaron a los que mataron a Manuelito?

 

—(Albenis Suárez) Hay que perdonar, claro, (porque) no tenemos por qué llevar más cargas encima de las que tenemos. Allá la conciencia de ellos. Menos mal que mi mamá ya no estaba cuando mataron a Manuel. Si ella estuviera viva, el tema sería distinto.

 

—(Omar Suárez) Yo (cuando mataron a Manuel) fui hasta el batallón y 'putié' (sic) a un coronel. Le dije que cómo se les ocurría matar a una persona indefensa, a una persona que ni conocía de armas. Yo le dije: “Si es verraco quítese eso (el uniforme) y le hacemos (a una pelea a puños). ​