“La JEP ha mostrado muchas cosas, como su interés en que se sepa la verdad", dice víctima de violencia sexual
Apenas cumplió los ocho años, Yesid Vergara adquirió dos costumbres propias de su edad: la primera, jugar fútbol; la segunda, ir al basurero de Zambrano (Bolívar) a revolcar los desechos y a tratar de encontrar en ellos algo de valor para poder vender.
Tanto la cancha de fútbol como el basurero quedaban cerca del río Magdalena. Fueron muchos los meses y los días en los que Vergara y sus amigos pasaron tardes inolvidables de juegos y de risas.
Pero llegó ese malhadado día de agosto de 2006.
Eran más o menos las 10 de la mañana y Vergara se dirigió al basurero. De pronto, aparecieron dos soldados. Los hombres lo sometieron a la fuerza y abusaron sexualmente de él.
El chico tenía apenas nueve años.
Por eso “mi infancia fue un poco brusca", dijo Vergara —el sábado 6 de diciembre de 2025— en entrevista con el Grupo de Relacionamiento y Comunicaciones de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP.
El 6 y 7 de diciembre pasados, el Grupo de Enfoque de Género y Enfoque Diferencial de la Unidad de Investigación y Acusación estuvo en Barranquilla y reunió a unos 40 hombres que fueron víctimas de violencia sexual con ocasión del conflicto armado.
Durante los dos días, el equipo de expertos —dirigidos por la antropóloga y asesora de la Unidad de Investigación y Acusación, Pilar Rueda— hablaron de la identificación del daño y de las reparaciones tempranas para víctimas del conflicto armado (de violencia sexual, en el caso de los asistentes al evento de la capital del Atlántico).
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Yesid Armando Vergara Medina nació hace 29 años en Zambrano. Fue el cuarto de cuatro hermanos: tres hombres y una mujer.
Su infancia fue normal hasta que los dos soldados la truncaron. De ese horroroso día de agosto de 2006, Vergara quiere recordar poco. Solo que los dos soldados le advirtieron que no podía contar nada de lo ocurrido “porque —según su versión— ellos sabían dónde vivía yo y también sabían de mi familia".
Entonces guardó un silencio forzado. En la escuela, el muchacho varias veces fue enviado donde psicólogos para que le bajara a la agresividad. Sin embargo, nunca les reveló lo que le había sucedido.
“Yo peleaba mucho en la escuela", contó Vergara, quien con satisfacción hizo hincapié en que terminó el bachillerato de tan solo 15 años.
Hacia 2020, Vergara rompió su silencio. Lo hizo con una psicóloga amiga. “Eso me sirvió mucho. Después estuve con una psiquiatra en Cartagena", explicó Vergara, quien, a renglón seguido, anotó: “A mí me gustar estar siempre solo. No me integro mucho con la gente. Y una cosa además: no gusto para nada de militares y policías".
Después de que les contó a los especialistas lo sucedido en el basurero de Zambrano, Vergara también compartió su secreto con sus padres. Ambos le dieron (y le dan) un ánimo inmenso que ha sido vital en su recuperación.
Su esposa también lo sabe. Ella lo ha apoyado con el alma. Además, cómo no habría de apoyarlo si a los dos les llegó un regalo desde el Cielo hace dos años: la bella Isabella.
“Mi esposa me acompaño a una terapia. Nosotros tomamos lo sucedido como un accidente del que yo no tuve la culpa", observó Vergara, quien hace algún tiempo supo de la existencia de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP.
Un amigo suyo, que también fue abusado sexualmente, lo puso al tanto de lo que hace la JEP y él no dudó en aceptar la ayuda. “Y para qué, la ayuda psicosocial que me ha brindado la JEP ha sido muy importante para la recuperación".
Sobre los procesos de paz, Vergara tiene una opinión bien personal: en los gobiernos no cree mucho, “pero, lo que es la JEP, ha mostrado muchas cosas, como su interés en que se sepa la verdad (de lo ocurrido en el conflicto armado) para que esas cosas no vuelvan a pasar en el país".
—¿Sería capaz de hablar con los dos hombres que le hicieron daño en el basurero de Zambrano?
—Claro.
—¿Qué les diría?
—El pensamiento de venganza que tenía antes ha cambiado. Yo pensaba que si me los encontraba, era para no dejarlos vivos. Pero hoy en día, gracias a este proceso (en la Unidad de Investigación y Acusación), ya entiendo que hay una justicia y que esa justicia no se toma por mano propia.
—Pero ¿qué les diría a sus agresores?
—Que pidan perdón de corazón, pero no a mí, sino al que verdaderamente da la solución: a Dios.